La estructura lógica de las cosas ocupa el centro de la vida psíquica de este tipo. Separar lo esencial de lo secundario, clasificar, ordenar los fenómenos según principios generales y seguir cadenas de causa y efecto constituye su actividad natural, sostenida por un diálogo interno casi constante que rara vez descansa. Prefiere los patrones generales sobre los casos concretos y aislados, y exige justificación factual antes de aceptar una hipótesis como válida.
La vida sensorial y emocional queda relegada a un segundo plano. La atención al propio cuerpo, a la comida, a la ropa o al entorno físico inmediato recibe escasa energía, y el placer sensorial popular tiene poco atractivo comparado con el de una idea bien construida. En el trato con otros, la reserva y la distancia predominan: cuesta iniciar el acercamiento, cuesta mostrar hacia afuera lo que se siente por dentro, y la torpeza social (sobre todo ante la ambigüedad emocional ajena) acompaña a este tipo con más fuerza que a la mayoría.
Bajo la superficie contenida hay una ansiedad de fondo que rara vez se expresa abiertamente, junto con una firmeza notable frente a la presión externa: cuanto mayor la amenaza u obstáculo, más se afirma en su posición inicial, aunque esa misma firmeza convive con escasa iniciativa propia y una asertividad débil cuando se trata de tomar la delantera. La justicia, la honestidad y la coherencia entre principio y acción funcionan como ejes centrales de su sistema de valores, y la intolerancia hacia la arbitrariedad, la jerarquía impuesta y la desigualdad se sostiene con la misma obstinación que aplica a la defensa de sus ideas.